Estaban sentados al sol, sin demasiadas preocupaciones, disfrutando de la compañía, charlando y viendo a la gente pasar. Ella apoyó las manos en el césped, cerca de donde él apoyaba las suyas. Entonces, sin querer, ella rozó sus dedos, pero él, lejos de apartarse, se quedó quieto, preguntándose cuánto duraría aquel momento. Ella se ruborizó, pero decidió permanecer en aquella posición. Y así estuvieron un largo rato, en silencio, preguntándose a dónde iría a parar aquello.
Apolo, que es más sabio de lo que parece... Yo también me pregunto cómo terminaría. Espero, llegue a buen puerto. Sea lo que sea.
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