20 marzo, 2012

La historia

Él y ella son la pareja ideal.
Él tiene el orden que ella necesita. Ella la locura que a él le falta.
Ella es un libro abierto. Él ha aprendido a controlar sus emociones.
Ella tiene días malos, pero él es capaz de hacer reir al más pintado.
Los dos prefieren una relación más intelectual que pasional, pero a ambos le gustan las caricias y los abrazos. Ella adora que le toquen el pelo.
A él le gusta el rock y el folk-rock. Ella adora el jazz y el ska y está dispuesta a seguir toda la noche el ritmo de una batería.
A él no le gusta limpiar, pero le gusta que su ambiente esté adecuado. Ella solo ordenará cuando vea que la atmósfera la incomoda. Eso no es problema, él puede limpiar por ella. Ella mientras prefiere dedicar el tiempo en la cocina.
Visitar a los familiares no es algo que les agrade a ninguno, pero luego lo compensan con un paseo agradable. Mientras que pasean no les importa mirar algún escaparate o detenerse en las actuaciones de algún músico callejero.
Como a ella le gusta cocinar, también se encarga de las compras mensuales. Él solo se ocupa de eso cuando es justo y necesario.
Aparecen discrepancias si observamos sus actitudes a la hora de dormir: a ella le gusta leer un poco. Él, en cambio, opina que un buen libro te podría mantener despierto toda la noche, y así no hay quien duerma.
A pesar de eso, es evidente que él y ella son la pareja ideal.
Solo hay un problema. Ellos no se conocen.

3 comentarios:

  1. Gran problema, ciertamente.
    Pero, como pequeña discrepancia, diré que el único gran problema a día de hoy es esa hija de perra que acostumbramos a llamar Muerte.

    PD: Gran historia. Espero ansioso la continuación.

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  2. Gracias. Como usted me dijo una vez, que me inste a continuar es el mayor elogio que puedo recibir. Eso sí, confio en que no se haya creado muchas expectativas con esta historia. No quiero decepcionarle con otras entradas.
    Y en cuanto a su pequeña discrepancia (y no me extiendo mucho más), diré que la muerte nunca ha de verse como un problema, sino como una vieja amigo con la que tarde o temprano hay que reunirse. Mientras tanto, aprovechemos el tiempo que estamos vivos y hagamos todo aquello a lo que no nos atrevemos.

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  3. Decepción... No creo. Siempre he sido de aquellas personas que, por algún misterio, les agrada todo aquello que leen. Tengo buena intuición a la hora de elegir escritores, y nunca se ha dado el caso de sentirme decepcionado con ninguno.
    Y, respecto a eso otro... Bueno. Digamos que ni amiga, ni enemiga. Circunstancia sería lo adecuado.
    Ah, y muy sabio consejo esa última oración.

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