Iba camino de teatro. La calle estaba vacía, como siempre, menos por una persona.
Le vi de lejos, sentado en aquel portal que no era el mío, ni el suyo. Llevaba una flor en la mano y una pajarita de papel. Cuando me vio, sonrió.
Chris: Hey, ¿qué tal?
Mrs. XX: ¿Qué haces tú aquí?
Chris: Vine a verte, pero no recordaba cuál era tu casa.
Muy típico en él, su falta de memoria. Era él, sin duda alguna. Algo más alto y algo más viejo, como en cada uno de nuestros reencuentros, pero siempre especial.
Me contó qué era de su vida en aquellos momentos y que estaba por aquí solo de paso, para saludar. Como siempre, claro. Me dio mi flor y la pajarita. Solo a él se le ocurren regalar esas cosas. Yo estaba tranquila a su lado, por supuesto. Sin pensar que en cuanto me descuidase desaparecería de nuevo a vivir sus propias aventuras.
Me acompañó hasta teatro. Charlamos y charlamos, como si nos viesemos todos los días, profundizando en cada tema como si aquel momento se fuese a repetir cada día.
Esa es la magia de Christian: te hace perder la noción del tiempo.
Chris: Llevo todo el día sin comer, voy a comprarme algo en aquella panadería, ¿vale?
Por supuesto, no volvió. Sin despedidas, sin complicaciones. Ni besos ni abrazos. Creo que aun le duele la única despedida que hemos tenido.
En mi opinión, sobre Christian podría escribir un libro entero. Pero a veces dudo si es producto de mi imaginación. Solo sé que no lo es mirando sus flores, sus piedras, sus cartas y su pajarita de papel.
Me gusta haber aprendido a no sentir nostalgia por él.
Prometo que algún día aprenderé a describirle en condiciones.
Mi amigo Christian =)
... y se fué.
Septiembre
Hace 16 años

No hay comentarios:
Publicar un comentario